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martes, 28 de julio de 2009

Tom Horn

Pocos personajes del oeste han despertado tantas polémicas como Tom Horn, no por lo que hizo sino por cómo acabó.


Nacido en 1860, Horn llevó una vida variada hasta que conoció a Al Sieber, jefe de exploradores del ejército, en la reserva india de San Carlos. La facilidad de Horn para hablar español y su conocimiento del lenguaje apache impresionaron a Sieber, que pronto aprovechó sus habilidades lingüísticas y exploratorias. Desde 1875 hasta 1886 Tom Horn siguió las huellas de Gerónimo y otros guerreros apaches. Incluso afirmaba que fue él quien planeó la rendición final del famoso jefe ante el general Nelson A. Miles en Skeleton Canyon. Algunos oficiales del ejçercito discutieron su afirmación, mientras otros la defendían. La envidia tuvo probablemente un papel en la reacción de sus críticos porque, como muchos hombres de la frontera, Horn atraía mucho la atención, lo que molestaba muchísimo a algunos.

Hay indicios que sugieren que participó en las guerras del ganado de Graham-Twesbury y del Johnson County. Era un jinete experto y su conocimiento del ganado hizo que ganara el rodeo que se celebró en Phoenix en 1891. Pero lo que más se recuerda de él es su habilidad con las armas. A diferencia de otros pistoleros, Horn era conocido más por sus disparos certeros que por su rapidez al sacar. Abundaban los rumores que lo vinculaban con muertes por orden de los ganaderos en las disputas por las dehesas. Se decía que tendía emboscadas a los ladrones de caballos con un rifle muy potente, y colocaba un par de piedras junto a la cabeza de sus víctimas como señal suya para asegurarse la recompensa de 600 dólares.

Muchas de las alegaciones hechas contra Tom Horn provenían de rumores, pero nadie duda que era un homicida. Sin embargo, lo que no está claro es si sus muertes estaban planeadas o eran provocadas. Y, por supuesto, estaba su problema con la bebida. Periódicamente se iba a Denver y se dedicaba a beber en los bares y a contar historias tremendas de sí mismo. Cuando en 1901 encontraron asesinado a Willie Nickell, un chico de catorce años, se implicó a Tom. Después se alegó que había fanfarroneado sobre ello. Joe Lefors, un representante de la ley, recibió la orden de arrestarlo. Lo encontró en sus antroa habituales en Denver. Fingiendo amistad, Lefors hizo que se emborrachara y afirmó que Tom había confesado. Fue arrestado, se le juzgó y a pesar de una defensa hábil (proporcionada por sus amigos ganaderos) el jurado creyó "su confesión" y lo declaró culpable.

El 23 de octubre de 1903, cuando supo que su indulto había sido denegado, escribió a John Coble, antiguo patrón suyo y uno de los muchos ganaderos que lo habían ayudado. En su escrito decía que sabía que perdería el juicio desde el mismo instante en que éste comenzó. Por lo que le habían comentado sus abogados, se estaba acercando al final, y pidió que aquellos que podían salvarle, dijeran la verdad. Pero, por la razón que fuera nadie lo hizo y el 20 de noviembre (víspera de su cuarenta y cinco cumpleaños) fue ahorcado.

En 1993, noventa años después de su muerte, un tribunal volvió a examinar las pruebas (algunas de las cuales no habían sido presentadas en el juicio original) por las que se le había declarado culpable y se le había ahorcado. Esta vez no se le consideró culpable.

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3 comentarios:

Carolina dijo...
30 de julio de 2009, 1:53  

Como siempre, la Justicia llegando tarde a todas partes. Al menos, que se reivindique su nombre por este asesinato, por los otros... quedará en la Historia del Far West.

Berni dijo...
30 de julio de 2009, 20:15  

Por desgracia tengo que darte la razón. Aquí tenemos una mierda de justícia también, uno viola a una chica, lo meten en la cárcel, al cabo de unos meses sale por buena conducta. A donde iremos a parar como no cambie la cosa, esto se convertirá como el antiguo fart west, donde se resolvian las cosas a base de tiros y peleas en los bares.
Que desgracia, alomejor de esta forma tan antigua, se acaban los problemas!!!!

Carolina dijo...
1 de agosto de 2009, 5:38  

Berni, tomarse la justicia por la mano no es el mejor modo de justicia. Tampoco el actual es el mejor, pero es un sistema que prefiere ver libre a un culpable que condenado a un inocente. Ya sé, a veces no se cumple, hay errores judiciales, lo sé, pero esto es mejor al ojo por ojo y a la supremacía de la ley del más fuerte, que es lo que imperaba en el tan desconocido y hermoso Far West. Saludos pistoleros!!